La lectora provisoria
El abuso político de los chicos
por Tomás Abraham
1
Una persona de mi mayor confianza me contaba que el otro día en un canal de televisión vio lo que sucedía en Córdoba luego de las elecciones. Era en TN. No tiene información sobre los políticos que batallaban por el resultado del escrutinio y no está al tanto de la disputa electoral. Es psicoanalista, ya veterano, brasileño, y mira estas cosas con cierta distancia aunque interés. Me dijo que quedó estupefacto ante la imagen del candidato Juez con su hija sobre los hombros que estaba en evidente estado de shock. Se ve, me dice, al intendente, que se aleja a un costado de la manifestación quizás para calmarla, y luego reaparece con la niña semidormida, como si estuviera entregada a su destino de carga en nombre de una palabra sin duda terminante y terminal: democracia.

Le dije para su información que Juez había llamado justamente a que los partidarios salieran con los hijos a la calle como demostración de pacifismo, honorabilidad, y supongo, aunque no se diga, de vulnerabilidad. Toda la familia unida para defender la verdad del voto popular y la honradez del acto cívico.
Me dijo que no sabía a quién llamar para denunciar el hecho, o escribir un carta de lectores pero no sabía bien cómo y adónde hacerlo. “Ese hombre no tiene ningún escrúpulo para conseguir lo que quiere”, dijo.
La verdad es que esa imagen que no vi podría haberme despertado a mí también de ese circo cordobés, en el que un charlatán de feria que no sabe terminar una interminable frase sin hacer un chiste malo, frente a un delegado de un infractor repetitivo como lo es De la Sota, concitan la atención sin ver que los chicos que son ajenos a esta puja, son educados
políticamente a las rastras y a expensas de lo que sientan y puedan.
En la política municipal de Juez o la de su contrincante, que lo decidan sus votantes, puede haber aspectos buenos y malos, pero la mirada de este señor freudiano me hizo ver lo que no vi. El uso de lo que sea, el hacer de lo propio –se supone que un hijo es algo propio aunque no parte de una hacienda– un muñeco de ambiciones personales, importarles poco que un chico de tres, cuatro, o cuantos tenga, no decide ni entiende a esa edad lo que pasa salvo que lo meten en una aglomeración de miles de personas en la calle gritando sin tener noción del barullo al que lo han llevado.
No es que los chicos sean tontos, sino que los grandes son sádicos, y todo en nombre de la justicia, del pueblo, del candor y de la humildad del pequeño hombre con el niño de escudo.
2
La nota terminaba en el punto final anterior. Se la envié a Flavia a las nueve de la mañana de hoy domingo. Fui a la panadería y en el kiosco adyacente veo una tapa del semanario Perfil con la foto de Juez y su hija discapacitada en brazos. No lo sabía. Ignoraba la enfermedad de su hija. El copete dice: “Grave acusación de Juez a De la Sota, por su hija discapacitada”.
Vuelvo rápido a casa y pido a Flavia que no edite la nota. Quiero leer el reportaje de Fontevecchia por miedo a cometer alguna indiscreción o falta de delicadeza. La entrevista tiene seis páginas en las que el director periodístico quiere sacar el mayor rédito posible contra Kirchner. Juez se deja llevar con ambivalencias. Hasta ayer votaba por Cristina, tenía una muy buena relación con Alberto Fernández, hoy insiste en que a pesar de ser un buen presidente, Kirchner está mal acompañado, que no por eso está con la oposición. Repite que es un buen tipo, simpático, que no roba. Y relata lo de su hija prematura con parálisis cerebral internada apenas nacida cuando su vida estaba en peligro. Sin ningún tipo de pudor cuenta el modo en que su amigo de hace veinte años, De la Sota, para que no pierda la obra social ya que le había pedido la renuncia, y para que pueda pagar los gastos de internación, le exigió hace años que desistiera de proseguir una causa por denuncia de enriquecimiento ilícito contra un diputado afín al gobernador, y confiesa que con los “ojos hinchados” se dejó corromper, por Dios, la Virgen y la vida de su hija. Se dio cuenta de que tenía un precio, pero que si su hija se salvaba, a su viejo amigo , algún día se lo llevaría “puesto”.
No abundo en detalles de la entrevista porque es obscena y pueden leerla en el diario. Juez es un farsante, lo que no quiere decir corrupto, no todas las categorías humanas aplicadas a la vida política se reducen a unas pocas atribuciones. Su falta de pudor y de escrúpulos son mayores que los estimados por mi contertulio de café. Este no es un problema que concierne al respeto por los chicos, sino a la falta de respeto por la verdad, usada y abusada cuando mejor le conviene a un señor cuya codicia se enmascara con el dolor, las vírgenes, los dioses y su publicitada honestidad.
Foto: Cora Burgin (Serie Arquitectura)